Cómo es la formación de un piloto comercial? (parte 2)

La suelta local, sin duda fué un día memorable y único, pero mi formación como piloto debía continuar adelante…

El día después de mi suelta, realicé un nuevo vuelo sólo, esta vez de una duración mayor, 45 minutos,  realizando una navegación local; un vuelo muy agradable, con condiciones casí perfectas para el mismo (alta presión y baja temperatura).

El avión que volaba, una Cessna 150, tenía una aviónica muy básica, y yo aún era un aprendiz de piloto muy inexperto(con apenas 18 horas de vuelo)…

La sensación, que entienden todos aquellos que como yo, han tenido y tienen la suerte de volar, era, y es, indescriptible: la visión del mundo a vista de pájaro; la sensación de controlar una máquina que surca los cielos;  la comunión con la misma, sintiendo que es una extensión de tu cuerpo , y el placer de dejar en tierra todas las preocupaciones y problemas mundanos: en el cielo, sólo existe el vuelo, y el placer de disfrutar  el mismo…

Afortunadamente, no sucedió lo que más temía, que era perderme (ese día no : ), y así fuí adquiriendo más experiencia con la ilusión y el entusiasmo de un niño, de la experta mano de Manolo, mi instructor, durante el año 1997.

Mientras volaba, seguía mi formación teórica, que tenía lugar en el centro de formación en Madrid, por las tardes; estaba dedicado en cuerpo y alma para intentar adquirir el máximo de conocimientos, e intentar convertirme en el mejor profesional posible, como había hecho en mi anterior trayectoria profesional en el mundo audiovisual; además de estudiar y tratar de asimilar los máximos conocimientos posibles, adquiriendo libros de los que obtendría valiosas lecciones y conocimientos, leyendo revistas con magníficos artículos, y viendo todos los vídeos de aviación que podía; al fin y al cabo, estaba realizando mi sueño de infancia!!.

Se sucedieron los vuelos sólos supervisados, los vuelos de travesía a otros aeropuertos, y durante ese año, además de volar las Cessna 150 y 152, volé por primera vez un avión, que llegaría a volar, y mucho; la Cessna 172.

Y, como era inevitable en una escuela de pilotos comerciales, Manolo dejó de ser mi único instructor, teniendo como instructores a otros grandes profesionales, como Luis Carlos, como Iñaki, como Luis María, que me mostraron y demostraron su amor por la enseñanza,y por compartir sus conocimientos, algo que me quedó muy grabado, además de tener la suerte de compartir una excelente relación personal con ellos; aún tengo la suerte de mantener contacto con algunos de ellos a través de las redes sociales…

En el año 1998, aunque estábamos realizando un curso integrado, el director de la escuela nos ofreció examinarnos para obtener la licencia de piloto privado, de forma gratuita.

Por supuesto aceptamos; estábamos deseosos de tener nuestro primer título y licencia aeronáuticos!!

Así que, en una fría mañana de invierno, en Enero de 1998, 9 compañeros y yo, además del jefe de instrucción en vuelo de la escuela, nos trasaldamos en autobús al aeródromo de Ocaña, con el fin de realizar el examen de piloto privado, el más rocambolesco y sorprendente, que jamás experimenté en mi trayectoria aeronáutica…

 

 

Autor: Julio Zavala

Piloto, apasionado de la aviación, emprendedor y gerente de "Fly & Fun".

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