Cómo es la formación de un piloto comercial? (parte 1)

Sin duda, intensa, muy intensa, pues la formación está muy comprimida para realizarse en un tiempo relativamente corto, normalmente en un plazo no superior a los dos años…

Tras el primer vuelo, mi formación como piloto surcaba los cielos (literalmente : ), con una parte teórica que realizábamos en Madrid, en la calle Velázquez, con mis compañeros, tanto de avión como de helicóptero, pues la escuela también ofrecía cursos de piloto de helicóptero, con los que compartíamos gran parte de la fase teórica…

Como sucede en todas las carreras, en la parte teórica, había asignaturas que me gustaban mucho, como Conocimiento de la Aeronave, Comunicaciones, Procedimientos Operacionales, Meteorología…y otras que no me gustaban tanto, como Derecho y Navegación, que me obligó a retomar mis libros y apuntes de matemáticas, y en concreto, de trigonometría, asignatura que no estaba entre mis favoritas en mi época de estudiante…

Tuve la gran suerte de contar con magníficos profesores, de los que aprendí muchísimo, con sus extensos conocimientos y su admirable deseo de transmitirlos con pasión; Emilio, nuestro profesor de Meteorología, sin duda una de las personas que más sabían en este país de la materia; Juan Francisco, toda una eminencia en Navegación, con un libro de referencia a sus espaldas, cuyo ejemplar tuve la suerte que me dedicara; y Pepe, un magnífico profesional, de quien  aprendimos casí todo sobre Procedimientos Operacionales, y una de las mejores personas que jamás he conocido, entre otros…

Todos ellos, junto con el resto de profesores que tuve, dejaron una huella y un recuerdo muy hondo, pues sentaron las bases de mi conocimiento aeronáutico, y me enseñaron a seguir aprendiendo y  formándome, para llegar a ser un profesional competente y seguro…

También tuve la gran fortuna de compartir mi formación con muchos compañeros que tenían edades iguales o similares a la mía, que como yo, con una vocación tardía,  que por circunstancias de la vida, no habíamos podido realizar antes…

Y por ello, se fraguó entre nosotros una amistad especial, que aún tengo el placer de conservar con algunos de ellos, pues todos compartíamos el mismo sueño, deseosos de alcanzarlo con la misma pasión con la que habíamos iniciado nuestra formación como pilotos…

José Juan, Jorge, Iñigo, José Luis, Antonio, José María, Eduardo, Santos y muchos más que me dejo en el tintero, formaron parte de muy buenos momentos, y algunos no tan buenos, que compartimos durante nuestra formación, pero que compartíamos con una complicidad y una pasión por la aviación, que nos hacía mantener la misma ilusión con la que habíamos iniciado nuestros estudios…

Respecto al vuelo, continué mi formación volando las Cessna 150 y 152, como con la que poso con mi instructor Manuel, en mi segunda entrada…

Aquí tenéis la copia de mi primer plan de vuelo rellenado, cuando aún se hacía a mano…el primero de muchos, y aunque sólo era un papel,

Sí, los planes de vuelo se hacían a mano…

sin duda fué un documento de tal importancia, que aún lo conservo…

Con la mano profesional  y paciente de mi instructor, continué mi formación hacia mi primer gran objetivo, la suelta, pero antes de llegar a ella, Manuel se ocupó de mejorar mi técnica de vuelo, aún muy básica, a pesar de mi inagotable entusiasmo y deseo de seguir aprendiendo, equivocándome, y mucho, en el camino; sin duda, se aprende mucho más de las equivocaciones, que de los aciertos…

Por ello, intentaba aprender más allá de lo que me enseñaban mis maestros, leyendo libros, artículos y a través de internet,  que me ayudaran a mejorar mis conocimientos, tanto teóricos como de vuelo…y aún hoy en día, lo sigo haciendo; creo que un piloto competente debe ser  muy autodidacta, y por ello, ampliar y mejorar sus conocimientos más allá de los que le permiten aprobar y obtener sus licencias y habilitaciones…

Aprender a pilotar un avión no es una tarea fácil, pues exige mucha coordinación entre  mente y cuerpo,  y genera un nivel de cansancio elevado, especialmente por la gran carga de trabajo en los primeros vuelos; pero era un cansancio que, deseaba repetir en cuanto bajaba de volar…sabía que, desde aquel primero vuelo, mi vida tenía que estar ligada a la aviación, costase lo que costase, pues allí había estado, y allí quería volver….

 

Despego!!

Y por fin, llegó el día largamente anhelado,  e intensamente soñado…

Habían sido muchos años de espera, pero finalmente, ya estaba iniciando mi carrera como piloto, a la que yo estaba dispuesto a dar y dedicar y dar el máximo, pues me consideraba tremendamente afortunado de poder hacer lo que siempre había anhelado durante toda mi vida…

Sólo aquellos que habéis experimentado el vuelo por primera vez, entenderéis la cascada de emociones y sensaciones que me acompañaron durante ese día…

Y no sólo ese día, pues la noche anterior, había visualizado mentalmente ese momento que estaba por llegar, cuánto lo había deseado, y cuál sería mi reacción…

Ese día de Octubre fué un día de nubes altas, fresco y soleado, y tras llegar al aeródromo de  Cuatro Vientos, me dirigí a la oficina de vuelos de la escuela donde cursaba mis estudios, “Airman”, donde ya había empezado la formación teórica en su sede del centro de Madrid a mediados de Septiembre de ese año…

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Mi primer vuelo, con mi instructor, Manolo Sanz.

Allí conocí a Manolo, mi instructor asignado (al que podéis ver junto a mí en la foto).

Tras una buena primera impresión, a pesar de su juventud (era bastante más joven que yo), me explicó someramente que sería un vuelo de acomodación y habituación, sin más intenciones que me encontrara a gusto, y me habituara al avión…

Y tras aprender mediante observación cómo se hace un plan de vuelo, nos dirigimos al avión, una pequeña Cessna 152 de dos plazas, con matrícula EC-ELI, que iba a ser mi compañera de aprendizaje y aventuras en el futuro más cercano…

Tras inmortalizar el momento, procedemos a realizar la preceptiva revisión exterior al avión, requisito indispensable para cerciorarnos del buen estado del mismo antes del vuelo, e intentando calmar mis pulsaciones y las intensas emociones que sentía en mi interior, me senté en el asiento izquierdo del avión, y a mi derecha, a apenas a unos centímetros, pues la Cessna 152 es muy pequeña (y cuando digo muy pequeña, es MUY pequeña : ); y en ese momento, sentado frente a los mandos del avión, supe que era allí donde quería estar el resto de vida profesional……

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Mi primer vuelo como alumno piloto…qué emoción!!

Tras explicarme los procedimientos, el arranque del motor se produjo tras un petardeo, y el suave ronroneo del motor “bóxer”, anticipó las buenas sensaciones que estaban por llegar…

Por fin mi carrera aeronáutica arrancaba, literalmente!! Pero ahora también empezaba una dura fase de aprendizaje, de muchos esfuerzos y sacrificios, pero que estaba seguro que valdrían la pena…

Y el primero de ellos, eran las comunicaciones con el control de tráfico aéreo, algo que a priori parece muy sencillo (al fin y al cabo, no es más que hablar!), pero que en la práctica no lo es tánto…

Suerte que Manolo, paciente y amable, me ayudó, pues en las primeras ocasiones, impresiona el comunicarse, sabiendo que todo el mundo escucha tus errores (y como después descubres, tú también escuchas los errores de los otros : )

Tras recibir la autorización de rodaje, empieza la primera dificultad…el rodaje!!

Tras muchos años de conducción de vehículos en los que la dirección se dirige con las manos, es muy difícil habituarse a conducir un vehículo en tierra con los pies; instintivamente uno mueve el volante o cuernos del avión, en un fútil intento de dirigir la aeronave…las transferencias negativas de los otros vehículos pasan factura!!

Con la ayuda de Manolo, conseguimos llegar al punto de espera, donde debemos hacer todos los chequeos previos al vuelo, pues siempre es mejor resolver cualquier incidencia o fallo en tierra, que en vuelo…

Tras los chequeos, que se han de seguir al pié de la letra, como me enseñó Manolo y el resto de instructores que he tenido a lo largo de mi carrera profesional, solicitamos permiso de despegue a la torre de control…las pulsaciones aumentan vertiginosamente, llega el momento de despegar!!

Tras recibir la misma, entramos en la pista 28, nos alineamos y aplicamos potencia…el motor responde con suavidad, pero con contundencia, acelerando la aeronave por la pista…

Finalmente alcanzamos la velocidad de rotación, y bajo la atenta mirada del instructor, roto el avión y…despegamos!!

Ese instante, con las pulsaciones al máximo y un torrente de emociones recorriendo mi cuerpo, soy consciente de que estoy volando…¡ y pilotando! (más o menos : ) un avión; y la sensación me gusta… y mucho!!

Tras ascender a 3.000 pies de altitud (altitud máxima dentro de la zona de tránsito de aeródromo de Cuatro vientos), procedemos a abandonar el circuito de tráfico por punto “Whisky”, punto visual designado por las autoridades aeronáuticas para abandonar el mismo…

Mientras, observo a mí alrededor por las ventanillas del avión, y me quedo hipnotizado por la belleza del mundo desde una avioneta, pues, aunque ya había volado en avión comercial, la percepción del mundo es mucho mayor y más intensa, tanto por las altitudes a las que volamos, como por el campo de visión que tenemos…

Tras abandonar por punto “Whisky”, el instructor me explica los pueblos que nos encontramos en nuestra ruta, y me enseña cómo ascender con el ajuste de potencia necesario…mucha información que trato de asimilar, mientras piloto el avión lo mejor que puedo, pero sin duda con menos precisión y suavidad de la que me gustaría…

Algunos virajes suaves me permiten ver el mundo como nunca lo había visto hasta entonces, y además ir habituando mi cuerpo a este nuevo entorno, mi hogar a partir de ahora…

Dentro de mí, deseo que este momento no tenga fín…pero como todo, ha de tenerlo…

Con un suave descenso iniciamos el regreso al aeródromo, procediendo a uno de los puntos de notificación visual de entrada (punto “Whisky” es sólo de salida), en este caso punto “Sierra”…

Próximos a alcanzar dicho punto, solicitamos autorización de entrada al circuito de tráfico para aterrizar, pero el intenso tráfico en el mismo nos obliga a permanecer orbitando, realizando virajes y manteniendo una atenta vigilancia exterior, en busca de otros aviones (que llamamos “tráficos”), hasta que, tras unos minutos, recibimos la autorización para entrar en circuito de tráfico…

Manolo me explica los procedimientos a realizar antes de incorporarnos al circuito, y me recuerda las velocidades y potencias para la aproximación y aterrizaje; hacerlo ya será otro cantar…

Tras entrar en circuito, las pulsaciones aumentan de nuevo…hay que aterrizar!!

Tras realizar el circuito con la ayuda de Manolo, al virar al tramo de final y encarar la pista 28, Manolo me espeta: “aterrízalo tú”. Mi cara al oírlo debió ser un poema, pues obviamente no me sentía preparado para aterrizar un avión, y así se lo transmití, pero él me tranquilizó ofreciéndome su experiencia y cooperación (más bien el tomar el control del avión, como yo deseaba en ese momento), para realizar la maniobra…

Según se iba acercando la pista, mis nervios iban aumentando, y la tensión sobre los mandos de vuelo también lo hacía, hasta que la proximidad de la misma me hizo instintivamente tirar hacia atrás de los cuernos, mientras Manolo, con voz suave pero firme,  me daba indicaciones de cómo realizar la maniobra…

Como era previsible en un primer vuelo, mi fuerza en los mandos fue excesiva, colocando al avión en una posición de morro muy elevado con la potencia del motor al ralentí, algo no muy recomendable cerca de la pista…

Manolo intervino y tomó el control para realizar un aterrizaje seguro, algo que agradecí, aunque el haber realizado la maniobra de forma excesiva no me dejó buen sabor de boca…

Tras rodar hacia el parking, procedemos a aparcar la pequeña Cessna, y tras dejarla lista para su siguiente vuelo, regresamos a la oficina para realizar el “debriefing”, explicándome Manolo cómo había ido el vuelo, y si había algún signo de mareo o indisposición visible…

Tras rellenar la documentación pertinente, Manolo se despidió de mí, pues le esperaba otro alumno para otro vuelo…

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Primera entrada en el «Logbook»…bien!!

Yo me sentía literalmente en una nube,  y poco a poco fui asimilando y recordando todo lo que había vivido en ese día tan especial, en el que mi vida cambió para siempre…

Tras insertar la primera anotación en mi recién estrenado diario de vuelo, lo primero que pensé es cuándo volvería a volar, pues deseaba que volviera a suceder, y pronto, si era posible…

Lejos estaba de siquiera imaginar que algún día, yo ocuparía el lugar de Manolo, y otro apasionado de la aviación ocuparía mi lugar, experimentando las intensas sensaciones vividas….

 

Aquí comenzó todo…

13 de Octubre de 2016

 

Bienvenid@s!!

Este blog, el blog de “Fly & Fun”, inicia su andadura;  en él, compartiré con vosotros mis experiencias personales (no excesivamente personales ; ) y profesionales, en el mundo de la aviación…

En realidad, este blog empieza exactamente hace 20 años, cuando comencé mi andadura como alumno piloto, y mi carrera como piloto profesional….

En ese día de otoño, tan intenso como inolvidable, me prometí a mi mismo que algún día recordaría de forma escrita mi experiencia aeronáutica, aunque ni siquiera atisbé a imaginar que sería en formato digital, y con la oportunidad que nos brinda internet de poder compartirlo con todos vosotros…

Antes de ahondar en las experiencias y vivencias de aquel día, la pasión por el vuelo empezó, como os ha sucedido a muchos de los que leéis estas líneas, desde que prácticamente tuve uso de razón…

Siempre con la mirada puesta en el cielo, especialmente cuando oía el hermoso sonido de un avión surcando los cielos; llevando a mis padres a la entrada de la Base Aérea de Torrejón, en un vano intento de visitar los aviones en la misma; haciendo maquetas de mis aviones favoritos;  viendo todas las películas que podía de aviación (“La Batalla de Inglaterra” era mi favorita), y contemplando a  los pilotos en los aeropuertos con una mezcla de sana envidia y fascinación…preguntándome, cuando los veía, si yo también podría algún día llevar ese uniforme…

Todo ello fue creando en mí profundo deseo de ser piloto, deseo que en ese momento era tan sólo un sueño inalcanzable, latente e intenso, pero al fin y al cabo, inalcanzable…

Con el paso de los años, y llegado el momento de elegir mi futuro, evalué la opción de alcanzar  mi  sueño a través de la vía militar, pero algunas dioptrías de miopía se interpusieron…

Asumiendo en ese momento que no sería factible ser piloto profesional, ni por la vía militar por limitaciones descalificantes, ni por la vía civil por el elevado coste, asumí que al menos intentaría ser piloto privado; volar por el puro placer de hacerlo…

Para ello, como podéis  ver en la foto adjunta, me matriculé en el curso a distancia de piloto privado y comercial, realizado a distancia a través de entregas con sus correspondientes exámenes, que se debían enviar por correo ordinario, y recibir la respuesta del mismo modo, transcurridos unos expectantes  días…

 

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Mi primera (y muy básica) formación aeronáutica

 

 

Mientras, continué mis estudios para formarme como técnico en el sector audiovisual, pues tras la aviación, el cine es mi otra gran pasión (sin dudarlo, menor que la aviación),  ahorrando para las lecciones prácticas de vuelo, que se realizaban entonces en el aeródromo de Sanchidrián, Ávila.

Los comienzos profesionales siempre son difíciles, especialmente en el plano económico, por lo que las lecciones de vuelo, sabiendo que por su coste no eran asumibles, debieron esperar a un momento más boyante poder realizarlas…si éste llegaba!!.

Afortunadamente,  con la llegada de los primeros ordenadores personales, tuve la oportunidad de “ volar”, aunque fuera de forma virtual, con los primeros “simuladores” de vuelo que, con  unos gráficos poligonales que hoy en día provocarían más de una mirada de asombro, lograron, no sólo que la llama no se apaga, sino que la mantuvieron viva y brillante…

Y así fueron transcurriendo los años, trabajando como profesional del sector audiovisual, ahorrando en la medida de mis posibilidades, con la esperanza de, en un futuro no muy lejano, poder alcanzar mi sueño…

Alcanzando la década de los 30 años, y habiendo ahorrado lo suficiente para poder tomar las clases de vuelo para convertirme en piloto privado, me plantee la disyuntiva de destinar lo ahorrado para hacerme piloto privado, o bien destinarlo como entrada para lanzarme a la aventura de hacerme piloto profesional…

Para ello, recorrí varias escuelas de vuelo, donde en la mayoría muy educadamente me informaron de que no bastaba con pagar una señal para iniciar el curso; por el contrario, había que hacer varios pagos periódicos, además de una entrada mayor de lo que yo podía asumir…

En una de ellas fui invitado a asistir como ocupante a un vuelo de instrucción, una experiencia impresionante que ahondó mi determinación para ser piloto profesional, costara lo que costara, pues era realmente lo que quería hacer el resto de mi vida…

Por ello, continué con mi búsqueda, hasta que encontré una escuela que si aceptaba mis condiciones de pago…

Como podéis imaginar, mi alegría fue inmensa al poder superar el escollo más grande para comenzar mi carrera aeronáutica, si bien suponía un salto al vacío, pues abandonaba mi carrera como profesional del sector audiovisual y dedicarme enteramente a formarme como profesional empezando desde cero…

Sin embargo, antes de comenzar, debía superar otro escollo importante: el reconocimiento  médico clase 1, requisito imprescindible para poder iniciar el curso…

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Formación clásica con aviones clásicos…

Con una extraña amalgama de sensaciones y preocupaciones, conseguí superar el exhaustivo reconocimiento, allanando completamente el camino para poder iniciar finalmente, con 31 años recién cumplidos, mi formación como piloto….

A pesar de compartir con entusiasmo mi decisión en mi círculo familiar y de amistades, hubo voces que me desaconsejaron; decían que era “demasiado mayor” para iniciar una carrera como piloto profesional.

Y aunque yo sabía que no era un joven veinteañero, mi ilusión era tan grande o superior a la suya, pues finalmente, aunque fuera tarde, podía alcanzar mi sueño…

 

Y así, llegamos al primer vuelo como alumno piloto…

Pero eso, es otra historia…

 

 

Maniobras anormales

Buenas tardes a tod@s y buena semana!!

Acabamos la pasada con el vídeo del vuelo acrobático en planeador en Ocaña, que ahora enlazamos con este artículo y vídeo publicado por AOPA, en el que se enfatiza la importancia del entrenamiento en actitudes y posiciones anormales, en este caso concreto, en una escuela de Florida (UAT, «Unusual AttitudeTraining»), donde se practican pérdidas con virajes de más de 60º, ascendentes, descendentes, y todo tipo de maniobras anormales, en un Mustang P-51 y un L-39 Albatros…

Como dice el instructor Lee Lauderback, en nuestro entrenamiento normal como pilotos, permanecemos siempre dentro de una envolvente de vuelo o «caja», de la que no salimos, a menos de que practiquemos un vuelo o curso de maniobras anormales (o bien seamos pilotos acrobáticos : ), por lo que si en alguna ocasión nuestro avión se sale de la envolvente, puede que no sepamos (o podamos) reaccionar adecuadamente si no hemos estado previamente en esa situación…

Y de eso tratan este tipo de entrenamiento y de cursos; de enseñar y acostumbrar a nuestro cuerpo y sentidos a esas posiciones y sensaciones, y cómo salir de ellas, regresando a la envolvente normal de vuelo…

Además de ser terriblemente divertidos, acompaña el hecho de que la aviónica sea Garmin G1000… ; )

Al final del artículo tenéis el interesante vídeo con las maniobras anormales… : )

https://www.aopa.org/news-and-media/all-news/2014/july/pilot/pe_technique